Hermosa y peligrosa


La vida debe continuar, se repitió a sí misma la hermosa e irresistible Gala, una mujer de grandes atributos celestiales, grandes ojos color avellana y un cuerpo que despertaba inmensas pasiones tanto en vivos como en personas avejentadas no tan vivas.



Nunca comprendió porque Dios la bendijo con tan infinita devoción, dotada de una belleza que por donde quiera que pasaba causaba trastorno en los hombres y algo de envidia en las mujeres; aprendió a convivir con esa bendición, aunque en muchas ocasiones fue infeliz por la misma razón.

Nunca expresó su forma de ver esa parte de sí misma, pues la tacharían de loca, por no querer poseer tan gratos atributos, que cualquiera desearía tener.

La noche anterior había sentido una calma inexplicable en su interior, nunca imagino que tendría que acabar con la vida de un ser humano, de una manera tan fría y despiadada.

Don José, uno de los magnates del pueblo, poseedor de grandes ganados y grandes bóvedas repletas de dinero, acostumbrado a poseer cuanta mujer le guste y se cruce en su camino, nunca pensó que en algún momento de su miserable existencia, pagaría las consecuencias de sus actos, y menos con una mujer de tan poca edad.
Sentado sobre una silla, inmóvil, sin poder mover su cabeza, totalmente inmóvil permanecía Don José, no tan Don y casi ni tan José, poco a poco, seria cada vez menos de sí mismo.
Gala unas horas antes había ido a la ferretería a comprar todas las herramientas que usaría en ese “hijo de la gran puta”, como así le llamada a Don José.

Inició con un taladro, poco a poco fue desmembrando los pies de Don José, sin este poder transmitir un solo grito, ahogado en el dolor y entre lágrimas, clamando infinita misericordia. Una vez concluida esa parte de su noble tortura, en contra de aquel hombre despiadado hombre que violaba indistintamente a cuanta mujer le gustase, decidió sentarse un rato y probar un bocadillo.

20 minutos después, fue en busca de un martillo, hizo un pequeño cálculo y se apoderó de un pedazo de metal lizo, parecido a una madera bien tallada, deslizó suavemente la mano del HP, y colocó el dedo menos útil que poseen las manos…

El dedo más pequeño, el meñique fue la primera víctima, de aquellos 10  elementos seleccionados, el primer golpe, fue con tanta furia que casi traspasa el objeto de metal, continuaba en su rostro aquella expresión de misericordia y piedad, pero Gala, nunca sintió la más mínima sensación de pena por él.
Todo su odio y rencor surgió a raíz de saber que sería la próxima víctima, que su cuerpo seria violado por aquel hombre enfermo que no poseía ningún respeto por nada ni por nadie.

Esta historia continuará...




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